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Nadie esperaba que Nicole Kidman, una actriz ya consolidada y querida por el público, llegara este año con una propuesta tan atrevida como la de *Babygirl*. Dirigida por Halina Reijn, esta película no solo ha sido llamativa por su temática erótica, sino por la intensidad con la que su protagonista se lanza a la exploración de la complejidad humana.

Un drama sin restricciones

En *Babygirl*, Kidman interpreta a Romy Tensile, una poderosa CEO de una empresa de robótica que se ve inmersa en una turbulenta relación amorosa con su interno mucho más joven, Samuel, interpretado por Harris Dickinson. Esta dinámica de poder y deseo desafía las normas convencionales, ya que Romy arriesga todo, desde su matrimonio con Jacob, interpretado por Antonio Banderas, hasta su reputación profesional.

La película no huye de escenas provocativas. Una en particular, ya conocida por sus círculos cinéfilos, involucra un 'escena de leche' que ha dejado a la audiencia dividida. Estas secuencias de BDSM, incluidas en la historia, provienen de experiencias propias de la directora Reijn, dando un toque personal en la narrativa.

Recepción y legado

El lanzamiento de *Babygirl* en el Festival de Cine de Venecia de 2024 marcó el comienzo de una carrera en festivales que culminó con un estreno general el 25 de diciembre de 2024. La respuesta del público y los críticos ha sido intensa: la actuación audaz de Kidman ha sido ampliamente elogiada, llevándose el prestigioso premio Volpi Cup a la Mejor Actriz y el reconocimiento de la National Board of Review.

La producción, con un presupuesto de $20 millones, ha generado ganancias significativas, acumulando $64.3 millones en taquilla global. Sin embargo, no escapó de las críticas. Mientras algunos críticos señalaron una ejecución demasiado clínica, otros alabaron su exploración profunda de la sexualidad femenina.

Con un estreno en el Reino Unido previsto para enero de 2025, *Babygirl* se consolida como una pieza clave en el género del thriller erótico, retando visiones tradicionales e invitando al espectador a cuestionar sus propias nociones sobre el poder y el deseo.

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